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Una internet de objetos


Imagínese haciendo una búsqueda en Google de su hogar para encontrar el juguete perdido de su hijo.
O activando remotamente la secadora para que de otra vuelta a la ropa lavada, luego de que la misma máquina le mandara un texto avisando que está todavía mojada.

O recibiendo un mensaje de Twitter de una de sus plantas que le recuerda que tiene que regarla.
Puede que haya sido pura ciencia ficción hace una década, pero con internet avanzando en todas las áreas de nuestras vidas, el ciberespacio está empezando a empapar el mundo real.

En meses recientes, desde grandes compañías como Google hasta pequeñas nuevas empresas han estado pregonando la idea de conectar personas y cosas -luces, neveras, coches, edificios- para crear una internet de objetos.
Muchos creen que esta tendencia nos alcanzará a todos en el futuro cercano.
“Algunas de las cosas que son posibles son realmente increíbles”, dice Constantine Valhouli, del Hammersmith Group, una firma de consultoría estratégica.

“Ya pasamos de una internet de escritorio a teléfonos e internet móviles; el próximo paso son edificios y objetos, lo que nos permitirá comunicarnos con ellos en forma directa o que se comuniquen entre sí sin intervención humana”.
Imagine una línea de montaje donde las máquinas se alertan entre sí cuando aparecen atascos u otros problemas, o autos que se avisan unos a otros sobre las condiciones de la carretera o si hay un accidente más adelante.

 

Ropa sucia, copas y hoteles
Parte de esto ya está ocurriendo. Los objetos se están “subiendo” a la red cada vez en más lugares.
Varias universidades de Estados Unidos utilizan eSuds, un servicio de lavandería en línea, con el que los estudiantes administran a través de internet el lavado de sus prendas, lo que les permite saber cuándo es su turno y evitar largas esperas con una cesta de ropa sucia en la mano.

También está el WineM, un botellero equipado con LEDs, en el que cada botella lleva un chip RFID. El botellero está conectado a internet para poder informarle al dueño cada vez que se saca una botella. El dispositivo también puede ordenar los vinos de cualquier forma y si el dueño quiere una botella específica para una fiesta, la iluminará con los LEDs.

A mayor escala, hay edificios inteligentes conectados a internet se comunican con la gente para informarle de cambios en el ambiente -detectados a través de sensores- y pedirles que modifiquen la calefacción o refrigeración para ahorrar energía.
Entre ellos se cuenta el Hotel 1000, uno de un puñado que ofrece a sus clientes vacaciones o viajes de trabajo de alta tecnología.

“Tenemos diferentes elementos que se comunican entre sí a través de internet, utilizando una red totalmente interconectada, que corre sobre una plataforma de Cisco”, explica la portavoz del hotel, Tawny Paperd.
El sistema, por ejemplo, además de regular la temperatura de sus salones y habitaciones, le informa a los empleados del hotel cuáles son las preferencias de cada huésped.
“Tenemos hoy a una persona que está celebrando su centésima visita al hotel”, dice Paperd.
“Nos fijamos qué consume habitualmente y pusimos más de esas cosas en el minibar”.

 

Aparatos discretos
Por su parte, la cadena de hoteles Peninsula cuenta con un equipo de 27 diseñadores, liderado por Ingvar Herland, que trabaja en un centro en Hong Kong con el objetivo de mantener a los hoteles constantemente actualizado en términos tecnológicos.

En el Hotel Peninsula de Tokio, por ejemplo, todos los sistemas que suelen estar separados -y suelen ser analógicos- en un hotel tradicional, como televisión, dispositivos de entretenimiento, etc. están interconectados y son digitales.
Imagine estar en un viaje de trabajo, tras un largo día, descansando en su habitación mientras ve una película o escucha música.
De repente suena una llamada telefónica y apenas la atiende el sistema de entretenimiento se pone en silencio automáticamente para que pueda mantener una conversación de trabajo.

Volverse social
Deseosos de explorar las posibilidades que ofrece la internet de los objetos, varias nuevas empresas buscan incorporarse a la tendencia, con resultados variados.
La compañía francesa Violet es una de las pioneras en el desarrollo de hogares inteligentes, a los que equipa con artefactos como Nabaztag, un dispositivo electrónico con wi-fi que se parece a un conejo.

Entre otras cosas, el muñeco lee emails en voz alta, descarga información sobre el tiempo y puede revisar alertas de noticias configuradas por sus usuarios.

Otra nueva firma, la española Symplio Lifestyle Technologies, dio un paso más y apuntó a uno de los aspectos más populares del mundo tecnológico actual: la web social.

“Muchos equipos deportivos y celebridades ofrecen productos promocionales como camisetas, tazas, etc, y también tienen una fuerte presencia en las redes sociales”, explica Iñaki Vázquez, máximo responsable de la empresa.

“Así que estamos desarrollando objetos físicos que tienen una forma que los vincula con un equipo o una persona famosa y que están conectados a su página en la web o en una red social”.

“El objeto cambia de forma, se ilumina o emite un sonido cuando algo ocurre en la red social”, dice.
Por ejemplo, explica, la compañía ha desarrollado un dispositivo conectado a la página de Facebook del Real Madrid.
Los propietarios del aparato no necesitan conectarse para saber qué pasa con su equipo, con sólo mirar el artefacto sabrán que está pasando en la página de Facebook del Madrid.

El desafío de las cloacas

Pachube es una de las compañías más conocidas de las que se dedican a producir software para la internet de los objetos.
Trabaja en forma directa con creadores de hardware para conectar objetos físicos con internet de las formas más inusuales e innovadoras.

Leif Percifield, de dontflush.me, uno de sus clientes, lleva adelante un proyecto que busca reducir la cantidad de agua contaminada que llega a las cañerías de la ciudad de Nueva York, EE.UU.

Perficield señala que la ciudad “tiene uno de los sistemas de cloacas más mezclado, en el que el agua de deshecho y la de lluvia comparten una misma cañería”.
“Esto hace que cuando llueve, como el sistema no está diseñado para manejar un exceso en el flujo, se sature e invada vías de agua cercanas”.

“El objetivo del proyecto es informar a los ciudadanos cuando las cloacas están llegando a su máxima capacidad, o ya la han superado, para que reduzcan su producción de agua de deshecho”.

La compañía de Percifield planea instalar sensores en lugares del sistema de cloacas donde puede detectarse un exceso de flujo. A través de tecnología de teléfonos celulares enviarán información sobre el nivel del agua a Pachube cada minuto, para medir con precisión como varía durante una tormenta.
Un segundo dispositivo informará al público el estado del sistema.

“Cuando la gente ve que la cloaca se está saturando, pueden elegir ahorrar agua de diferentes formas: esperar para lavar ropa o activar el lavavajillas, o disminuir el número de veces que tiran la cadena del baño”, explica Percifield.

El inventor espera que el primer sensor sea instalado pronto y, si consigue financiación, colocará más sensores y construirá más dispositivos para los usuarios.

Sea cual sea la dirección que elijan las empresas para explorar las opciones de la internet de los objetos, las oportunidades son infinitas, dice Constantine Valhouli, del Hammersmith Group.

Desde teléfonos inteligentes hasta conejos electrónicos, pasando por edificios y coches, todo puede terminar llevando a la posibilidad de navegar el mundo como se navega internet.
“En síntesis: estamos borrando la división entre bits y átomos”, dice Valhouli.

Fuente:BBCMundo.uk


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